Hoy en la casa geriátrica, conocimos más la historia de un señor llamado Víctor, quién estaba acompañado por una señora. Él no puede estar solo, está sentado y amarrado a una silla de manera, para evitar que se caiga. Debido a que ha tenido una operación al corazón, no puede hacer ciertas actividades. El tiene 68 años de edad, y de joven era muy activo. No habla, no escucha muy bien y usa pañal. Tiene mucho frío a pesar que ya cuenta con un calefactor personal en el abdomen, así que está siempre muy abrigado. Hablamos con ella y tratamos de comunicarnos con Víctor, pero no pudo respondernos. La señora dijo que a el le gustaba mucho la música peruana y criolla, así que le puse una marinera en mi teléfono móvil, para que se entretenga. El señor logró sentir el ritmo al mover su pie, pero no habló ni expreso ningún sentimiento. Así que los dejamos, deseándoles buena suerte y les prometimos que íbamos a buscar alguna manera de poder ayudarlos.
Luego, le contamos un cuento a un señor, llamado Eugenio. Él disfrutó bastante de la historia, pero para eso, tuve que emprender el desafío de leer en voz alta y tranquilamente. Tuve que ser bastante perseverante, para que Eugenio pase un buen rato entretenido. Finalmente quedó muy agradecido por haberle contado el cuento. Esta visita me ayudó a reflexionar mas sobre la realidad de algunos adultos mayores, quienes ya no cuentan con buena salud.
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